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La otra inmesidad

La inmensidad del mar se ha convertido en placas de acera y bordillos. Aceras rojas con círculos que se clavan en las plantas del pie, aceras grises llenas de chicles pegados, aceras blancas donde las hojas marrones se quedan marcadas. Unas con líneas horizontales, otras verticales, algunas con cuadrados enanos y otras sirven para jugar a la rayuela con líneas imaginarias entre los huecos de las baldosas anexas.

Siempre enmarcadas por grandes avenidas y edificios renacentistas blancos, con gárgolas colgando y ventanas sin cortinas relucientes. Edificios vacíos porque no están conectados, con balcones de dos colores.

El cielo azul que sostiene alguna nube blanca representa la calma y la profundidad que antes se apreciaba en la línea horizontal de la costa. Las calles desoladas cuesta encontrar y la lluvia sabe diferente.

 

Los paraguas sólo adornan.

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