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El viaje sin viaje

Entre las baldosas de peces transcurre abril, algunas veces solo nadan en el asfalto cementado y otras bucean libremente por el frío mar bajo el sol, o con pequeñas gotas que forman gigantescos charcos. Comenzó con palacios llenos de magnolias y con fotos por todas las esquinas en una verde y empapada Cantabria. Seguían los paseos, a veces, con gafas de sol otras bajo capuchas impermeables.

Llegaron a la puerta vestidos los de siempre, pero eclepticos con menús especiales recién impresos. La música sin título y el agua de colores en una noche de mesa redonda conociendo y aprendiendo.

Nos vamos a recorrer la infinitud de la tierra. Antes madrugamos los domingos para llegar a los desayunos con horas irreales. Las paradas vienen marcadas por las montañas, los mares, las calles empedradas y los puertitos llenos de barcos entre puentes de ahogos.

En pocas horas parece que llevas viendo y viajando días enteros, sensaciones de viaje sin viaje.

Lugares empedrados que has visitado mil y una vez pero que aún así es fácil descubrir un nuevo museo en la esquina de siempre. Sigues desconociendo la historia de las rocas y la inventas mientras la paseas.

seguimos viajando y recorriendo la tierra por carreteras en las que transcurren qasqais de todos los colores con música ochentera y con los cristales algo empañados pensando en el próximo destino. Llegamos entre golosinas a palacios y alumbrados por los girasoles de cerámica avanzamos.

Mantenemos el aire y entre rías descendemos para contemplar la calma, la quietud y el respiro del puerto de los barquitos.

 

 

No se puede terminar ningún finde Qasqai sin un buen chocolate y su hojaldre. El viaje transcurre entre adivinar la comida favorita del propietario del vehículo y qué aire desempañará antes: el frío o el caliente.

Abril se va con lluvia entre las verdes montañas.

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